LOS ELEFANTES BLANCOS EN PUERTO LEGUIZAMO PUTUMAYO
Leguizamo, una ciudad a
orillas del rio putumayo donde viven alrededor de ocho mil Leguizameños:
colonos, indígenas, mestizos, buscadores de fortuna y funcionarios del Gobierno,
en un caserío de tejados de zinc carcomidos por el óxido, entre paredes
de madera y ladrillos grises, prácticamente prisioneros, por diversas
circunstancias. Donde solo se pude llegar por vía aérea o por vía fluvial,
aguas abajo del rio putumayo en yate.
La mayoría sus necesidades, donde la
carencia de relleno sanitario y la recolección de
las basuras es deficiente; el alcantarillado apenas cubre el 30 por ciento del
pueblo y no tiene laguna de oxidación; cerca del 40 por ciento de los
pobladores carecen de un trabajo estable, que únicamente lo tienen quienes
sirven a la Base Naval ARC Leguízamo, a la Alcaldía y a las entidades oficiales;
el acueducto, que no tiene planta de tratamiento, solo lleva un hilo de agua al
70 por ciento de las casas; la calidad del servicio de energía no alcanza al 40
por ciento; carecen de escenarios de recreación, y en una estrecha cárcel
conviven, revueltos, 25 mujeres y hombres.
Estas circunstancias reflejan un municipio, encadenado por el olvido y la distancia,
prácticamente revela la gran presencia la corrupción administrativa, a través
de los tiempos. Esta situación amenaza su gran baluarte: “la tranquilidad”. Porque
en casas que se fueron desperdigando desde 1920 en la falda de la leve colina
en donde se levantaban centenarias ceibas, con el nombre de Caucayá y a orillas
del río Putumayo, todavía se pueden dejar las puertas abiertas.
La corrupción, sale a flote en cada administración,
situación que alcanza a dividir a los Leguizameños, unos en contra, que se toman
la sede de la Alcaldía, para exigir un alcalde que garantice una administración
transparente; los otros en pro de la gestión de los ex alcaldes, quienes dicen
que sus actos han sido de buena fe a pesar de las investigaciones en su contra.
A diferencia de otros pueblos
olvidados, Leguizamo pavimento el 40 por ciento de estas hace unos veinte años,
mas sin embargo, al recorrer las calles del puerto se descubre a simple vista,
que pastan libremente y sin control los “Elefantes Blancos”.
Entre estos destaca uno que permanece
encerrado entre fachadas azules, verdes y rosadas y vigilado por la Catedral de
Nuestra Señora del Carmen. La plaza de mercado.
Por muchos años en un lote que
congregaba a buena parte de la comunidad, para ver jugar fútbol, el pasto
amenazo con tapar las bases de un parque que se quedó a mitad de camino. No es
cancha ni parque a pesar de que ahí se han enterrado cerca de cincuenta
millones de pesos, 17 de estos en el mandato de Rojas Caicedo, dicen los
concejales.
Mas sin embargo, para ponerle una
cereza al pastel, según una investigación realizada por la Procuraduría General
de la Nación, por falta de gestión de la ex alcaldesa Rojas, la Findeter retiró
un crédito de 43 millones de pesos e impuso una sanción de 119.413 pesos.
Mas elefantes que se divisan, antes de
entrar al caserío, se levanta a un lado de la trocha a La Tagua, es el tanque
del acueducto. No sirve porque el agua se filtra, dice la comunidad, pero valió
17 millones de pesos. Es el monumento a la gestión de Guillermo Toro Lasso,
segundo alcalde popular.
El precio de la elección popular de
los alcaldes lo pagamos todos. Lo que ha pasado no es de una sola administración
solamente. Van años de denuncias sobre la corrupción y los malos manejos, pero
nadie escucha.
Estas tierras azoladas por las tres
grandes bonanzas: la explotación de los bosques de cedro, el petróleo de Orito
y la explosión de la coca, que llegaron al pie de la colonización, empresas
empujadas por los ministerios de Guerra e Industria desde 1929.
Con el propósito (retomar el camino
del progreso), se justifica el nombramiento de nuevos alcaldes, como recurso
para ponerle freno a los malos manejos, mas sin embargo cada administración sigue,
dejando un faltante de fondos públicos.
Entre los mayores problemas se destaca
la falta de agua: Si no fuera por el Putumayo, viviríamos en permanente
emergencia sanitaria, ante el poco líquido que llega del río Caucayá, pues el
bombeo es repartido por sectores, el ir y venir de lavanderas, cargadores de
agua y bañistas es interminable.
Otro problema latente se evidencia en
las noches Leguizameñas que muchos días llegan tristes. El fluido eléctrico,
que proviene de la unidad Blackstone que yace entre un cementerio de plantas,
termina convertido en candelillas que agonizan en los techos. Y mueren cuando
se prende el televisor o la plancha, la licuadora o los abanicos que hace
tiempo dejaron de batir sus aletas.
En este pueblo, que también hace
patria al lado y lado de esa malla se ve una de las tantas caras y sellos de
Colombia: la base nabal de la cerca hacia adentro, terrenos del Ministerio de
Defensa, hasta las hojas de los mangos parecen caer en orden; y de esta hacia
afuera, predios del Ministerio de Gobierno, el caos originado por los desaciertos
de los últimos gobernantes amenaza con borrar los rastros de florecimiento que
el antiguo Caucayá alcanzó en los años setenta.
A pesar de que esta situación se presenta debido a la
fragilidad institucional, ocasionada por la baja presencia del estado, como
pasa en varias zonas de nuestro país, donde se vive una preocupante y constante
percepción de importantes niveles de corrupción relativa.
Este pueblo que hace patria en estas recónditas tierras, también merece, la atención oportuna del estado y que sus quejas peticiones y reclamos sean escuchados y atendidos de manera oportuna y no oportunista, que se lleven programas que realmente den solución a la problemática, mas no programas asistencialistas que intensifiquen y permitan mas condiciones que agudicen aun mas las problemáticas.
Fuente: http://www.tripmondo.com/colombia/putumayo/puerto-leguizamo/
https://twitter.com/lipej530/status/495589984058216448






