LA CORRUPCIÓN
Para
abordar el tema de la corrupción se hace necesario definir qué se entiende por
ella. Actualmente la definición más aceptada desde hace varios años es la
utilizada por Transparencia Internacional. Aquí, la corrupción se entiende como
“el abuso de posiciones, poder o
confianza, para beneficio particular en detrimento del interés colectivo,
realizado a través de ofrecer o solicitar, entregar o recibir, bienes en dinero
o en especie, a cambio de acciones, decisiones u omisiones”. Se destaca que
bajo esta definición muchas acciones consideradas como legales en algunos
países podrían ser catalogadas como corruptas.
Cabe
resaltar el origen etimológico de la palabra CORRUPCIÓN, viene del latín
corruptio, que se refiere a los cambios respecto a lo que se considera esencial
de las cosas, esto abarca tanto la ética y la moral, ejemplo: Al momento de actuar de manera
"ilegal".
En
nuestro país a pesar de que muchos la señalan como uno de los principales
limitantes de la economía nacional, y de la mayoría de sus regiones, desde el
momento en que en la década del sesenta Leff (1964), y posteriormente
Huntington (1968), plantearon la hipótesis de una relación positiva entre
corrupción y crecimiento económico, se ha utilizado como excusa para su práctica.
En
nuestros contextos regionales, la característica común más importante de
comunidades con altos niveles de corrupción son sus bajos ingresos per cápita.
Esta relación es preocupante en la medida en que las regiones con mayor
necesidad de gobiernos eficaces son, precisamente, las mismas con los mayores
problemas en su gestión.
A
pesar de destacar históricamente nuestro a nivel internacional por mantener una
de las democracias más estables en América Latina, los mecanismos de
participación política como herramienta en nuestras regiones no tienen un
comportamiento igual, como tampoco que las variables relacionadas con
corrupción tengan un comportamiento similar.
Gracias
a numerosas investigaciones que revisan la relación entre corrupción y
desempeño económico, medido por la tasa de crecimiento del PIB, en la
actualidad se ha aceptado la idea de una relación negativa entre corrupción y
crecimiento económico.
El
crecimiento regional se ve afectado constantemente debido a la convivencia frecuente
con la corrupción, que se la entiende como el pago de sobornos para influenciar
las decisiones de Estado, (en nuestro contexto de nuestros dirigentes
políticos), donde sólo las firmas más eficientes pueden ofrecer los mayores
sobornos y de esa forma son las escogidas para contratar, creando así, trabas
para el crecimiento y desarrollo económico.
Por
otro lado, Sheilfer y Vishny (1993) sostienen que la corrupción es un costo
importante para la economía debido a sus efectos distorsionadores y su
naturaleza ilícita. En la medida que la corrupción se entienda como un costo
adicional al capital y como un factor que aumenta la incertidumbre en la
asignación de los recursos, su efecto sobre la economía sería negativo, ya que
estos costos suponen una mayor demanda de recursos para mantener las
transacciones clandestinas, disminuyendo así el retorno del capital.
Considerando la suma de estos efectos se podría esperar un efecto negativo de
la corrupción sobre la inversión y, por ende, sobre el crecimiento económico de
cualquier contexto.
En
nuestras regiones es preocupante que los incentivos que genera la corrupción
sobre los tomadores de decisiones son el mecanismo por medio del cual la
corrupción afecta negativamente el crecimiento económico. Las oportunidades de
sobornos y ganancias definen en gran parte la asignación del prepuesto estatal.
De esa forma, la mayor inversión se dirige hacia las actividades que ofrecen
más oportunidades para la corrupción, las cuales no siempre incentivan un mayor
crecimiento y bienestar de sus habitantes.
También
la trampa de la pobreza y la corrupción, relación que es preocupante, ya que
son precisamente las regiones más afectadas y las que más necesitamos gobiernos
eficaces y transparentes para lograr mejoras en el bienestar de las
comunidades.
Para
Colombia, a diferencia de lo que ocurre en otros países, los departamentos con
las mayores tasas de crecimiento han sido los que al mismo tiempo enfrentan los
mayores riesgos de corrupción. Diferentes estudios realizados muestran que los
problemas de pobreza, el mayor tamaño del Estado y una menor participación
política, están asociados de manera positiva y significativa con unos mayores
riesgos de corrupción.
Es
importante destacar que LA CORRUPCIÓN es un problema latente en
nuestro país, que cada día hay más personas envueltas en diferentes tipos de
corrupción, lo cual ha llegado a afectar de manera muy recurrente en casi todos
los ámbitos económicos del país.

